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miércoles, 17 de julio de 2013

El Camino de Santiago con bolsito de Louis Vuitton y barra de labios "rouge". (Episodio I)

Queridos lectores, si hace unos días os mostrábamos el episodio piloto del Camino de Santiago, hoy toca el Episodio I y último de esta saga basada en dos jornadas de locura, desenfreno y más de 40º en un camino duro, árido y con asfalto a punta pala. He aquí el resto de la piedra filosofal y fotográfica de la experiencia.

Hablando de piedras, en los mojones hay verdaderas esculturas hechas por los peregrinos. Yo puse la mía.

Si mi bolsito de Louis Vuitton causó estupor, espero que el impacto de mis pulseras de Isidoro Hernández, Dior y López-Linares cause menor impacto, que no era para tanto.

Uno de los bonitos hórreos que encontramos.

Una imagen curiosa. No os puedo decir qué nos hizo perder el protagonismo para estos perros que giraron sus hocicos hacia la derecha. ¡Nosotras empezamos a correr! Y sí, era humano lo que venía.


Estas bayas "explosionan" y hacen un ruido curioso durante gran parte del Camino.

Este banco (privado) de una casa nos dio la vida. Afortunadamente sus dueños debían de estar disfrutando de una siesta. Nos daba igual que nos "pillaran". Era cuestión de vida o muerte.

Baldosín del puente de Pontecesures donde una amiga se dio una castaña, por cierto.

Sí, aquí acabaremos todos, no hay escapatoria. En el Camino hay recordatorios de este tipo continuamente.

Ovejita negra con la que me solidarizo a muerte. 

Esto sí es un descanso. En la Pulpería Rial de Padrón.

Pimientos de ídem y pulpiño galego.
Tartas de café y queso respectivamente. Todo de Rial. Aprovecho para comentar que los pimientos son de Padrón -que es un pueblo-, no del padrón -que es donde se censa a los habitantes de una población-, como ya he visto en algunos restaurantes fuera de Galicia.
Uno de los muchos viveros de Padrón.

Con las gallinas también me solidarizo. ¿Por qué tienen tan mala fama? Éstas están muy tranquilas a pesar de tener al gallo cerca.

Curiosa casa de estilo modernista.


¡Alucinando! Un restaurante de diseño en pleno Camino. "Cosas veredes".

En el hotel de Padrón, usando El Secador. O sea, los 40º de la calle, para secarme el pelo. Gracias mamá por la idea. ¡Funcionó a la perfección!

Señales del Camino y diente de león. Fui respetuosa. No soplé y aunque este tipo de flechas amarillas me incitaban a moverlas y cambiarlas de sentido, me contuve.

Si os gustan las hortensias, disfrutaréis de lo lindo. Las hay preciosas y de todos los colores, entre otras flores.


La casa más bonita que nos encontramos. De película.

Bonito silo coordinado con el cielo.

Muchas casas del Camino hacen alarde de ello y nosotras se lo agradecemos. Vamos por el Buen Camino.

Aunque veíamos espejismos, y no es broma, -el toldo de una obra nos parecía el de un carrito de helados y cosas así- éste resultó ser real. ¡Un supermercado!

Adorno dejado por un peregrino.

Casa como de atrezzo


Nuestro desayuno reparador. El cruasán era tamaño camión. Uno para las dos fue suficiente.

¡La casa de Rosalía de Castro! Emocionante.

Detalle del jardín.

Os vais a encontrar muchas vías y pasos a nivel para atravesar.

Frikismo en el Camino. Sí, también existe.

Una mini señal monísima del Camino con mano gorda. Cosas de andar a 40 y pico grados. Se te hincha todo menos el alma.

Manita a remojo. 

Llegar a Santiago es lo más maravilloso que me ha pasado desde hace mucho tiempo. ¡¡Todo los sufrimientos merecieron la pena!!

 ¡Viva la Catedral de Santiago!
Y a seguir andando por la vida, que eso sí que tiene tela.

¡Muy feliz miércoles, queridos "amigüitos"! Y un consejo, jamás hagáis el Camino de Santiago con altísimas temperaturas. Aparte de que no os vais a encontrar apenas a nadie, las posibilidades de supervivencia disminuyen notablemente.
¡¡Besos a tutiplén!!

Sylvie Tartán.

viernes, 12 de julio de 2013

El Camino de Santiago con bolsito de Louis Vuitton y barra de labios "rouge". (Episodio piloto)

Queridos lectores, hoy damos paso al episodio piloto de mis andanzas por el Camino de Santiago. Si ya desde allí os saludaba cuando todavía me quedaba un hálito de fuerza y de esperanza, hoy ya recuperada plenamente, inicio la crónica desde una estupenda silla que amuebla el despacho de mi pequeño apartamento, dentro de una gran urbe contaminada, adorable y acogedora. Y es que todo este lío comenzó hace casi doce años con una promesa, motivo bastante habitual para hacer esta santa ruta. Concedido lo pedido en aquella época, me veía en la obligación de cumplir mi parte aunque fuera con semejante retraso. Por eso y aun cuando anunciaban temperaturas de más de 40º, no claudiqué y me lancé al abismo sin ningún tipo de preparación previa. Y ésta, amigos, es parte de la prueba documental.

Con muchos kilómetros recorridos y con la mejor de las compañías .-mi mami.
Lo primero era intentar que nuestro equipaje pesara lo menos posible. Eran sólo dos días pero soy mujer. "Necesito" muchísimas cosas para poder mantenerme dignamente con vida. Aparte de beber y comer, yo, al menos, tengo otras necesidades vitales. En un pequeño bolsito de Louis Vuitton llevaba mi teléfono Sony Xperia Z, una muestra de colonia que me encapsularon ex profeso de La Prairie y mi inseparable lipstick de Estée Lauder color Forbidden Appel. Con esto, ya podía caminar tranquila durante dos días.


Todo lo necesario, aquí.

Como sólo eran dos jornadas nos agenciamos unas mochilas Samsonite de lo más discretas porque sinceramente, el resto que habíamos visto nos parecían espantosas de colorido, de forma, de tamaño o de las tres cosas. ¿Es el payaso de Micolor la nueva musa en el mundo del diseño mochilero? Además la ruta iba a ser Caldas de Reyes-Padrón, el primer día. Y Padrón- Santiago de Compostela, el segundo. Tampoco necesitábamos ir con mucha parafernalia. 
Un taxi con un encantador aire acondicionado -invento que echaríamos muchísimo de menos- nos llevó hasta el punto de partida.

Por esas rendijas salía aire frío. ¿No es increíble y maravilloso?
Al llegar a Caldas, cafetito energizante y a buscar donde rayos comienza el Camino. No os creáis que es fácil. Tú llegas a un pueblo, te dejan tirado en la plaza y tienes que ponerte a preguntar a los viandantes, si no hay señales físicas, por dónde está el susodicho Camino. Es una actividad un poco humillante y me recuerda a aquellas chicas españolas que llamaron a su madre en pleno rally París-Dakar porque se habían perdido. Por supuesto, la opción de informarnos con antelación de cualquier cosa estaba descartada. Pura vagancia. Si ni siquiera nos habíamos entrenado un poco para hacer todos estos kilómetros, como para buscar información...  

Todavía en Caldas de Reyes, logramos encontrar una pista en esa tapa de alcantarillado.

Ésto es lo que buscábamos pero tardó en aparecer. Sin esto no eres nadie, no hay GPS que valga. Además sería hacer trampa.

Qué fácil es desear "buen camino" cuando tú no lo estás haciendo.
En el Camino, al principio comienzas con mucha alegría, vas a buena marcha, disfrutas con el paisaje sea lo que sea y hablas con todo quisqui encantada de la vida. Hay que decir que en todos los pueblos por los que pasas te saludan con cariño y no me extraña. Siempre reconforta un poco ver sufrir a los demás y uno estar cómodo en su casa, no les culpo. A mi me pasaría lo mismo. Y nosotras que no llevábamos ni coche escoba ni coche aspiradora que recogiera nuestros restos teníamos las horas contadas para que esa sonrisita se nos borrara de la cara y ese tesón se nos agotara en menos de lo que canta un gallo.


Por esta ruta veréis un montón de sembrados de todo tipo y maizales a tutiplén.


En pleno camino veréis como la civilización va por un lado y tú por otro. La añoraréis, os lo prometo.

Los bosques llenos de helechos, un verdadero respiro.
 Por supuesto, si hacéis en algún momento el Camino, tiene que ser con alguien a quien queráis mucho y con quien os llevéis muy bien. En momentos extremos, donde la supervivencia es lo que prima, puede acabar aquello como el rosario de la aurora. Deshidratada, cansada y sabiendo que tenía varios kilómetros por delante, mis hormonas -que son las que dirigen el cotarro- tan pronto me suplicaban una ducha, como me pedían que matara a alguien. Y sólo el cariño pudo suavizar y minimizar estos deseos.

Buen calzado para no esmendrugarse.
Retocándome exclusivamente para mí. Función Mirror de Line tools. 

Por supuesto, existe la posibilidad de desviarse un poco de la ruta marcada por los mojones e ir a mojar -valga la redundancia- a gorxa, el buche, la garganta... a algún bar. Tanto Bar Cenas como Bar Refaeli nos parecían estupendos en esos momentos porque con aquel calor nos estábamos dejando la piel en el pellejo, que diría mi querida Sofía Mazagatos.

Esto, Gloria Bendita.

 Y por hoy terminamos el episodio piloto. Más experiencias next week. Por supuesto, sirva este capítulo para animaros a hacer el Camino. A pesar de los pequeños sufrimientos, siempre se repite. En mi caso, era ya la tercera vez y habrá más. ¡Muchas más!

Muy contenta al lado de una de las pocas papeleras que encontramos. También son motivo de alegría, no os creáis. 
¡¡Muy feliz fin de semana, chatines!! 

 Sylvie Tartán.